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¿A dónde vamos? ¿De dónde venimos? Estas son las grandes preguntas de la humanidad, y encontrar una respuesta para ellas no es tarea sencilla. El cuerpo humano y todo lo que nos rodea está formado por átomos, que a su vez forman macroestructuras o biomoléculas creando el mundo que nos rodea. Cada átomo juega un papel único y fundamental.

Imaginemos un día cualquiera en nuestras vidas. Nos despertamos y al levantarnos retiramos esas sábanas de algodón (celulosa), y nos dirigimos al baño para lavarnos la cara con agua (H2O). Para ello hemos tocado el grifo, que lleva un cromado (deposición de cromo). Vamos a la cocina y nos preparamos un café (que contiene cafeína) y le ponemos azúcar (glucosa). Cogemos una cuchara de acero inoxidable (aleación de hierro y carbono con 10 % de cromo) para darle vueltas. Nos preparamos además una tostada (almidón) con aceite (ácido oleico). Además, cogemos una servilleta de papel (celulosa) para limpiarnos. Lavamos la taza con agua y jabón (sal sódica de ácido graso). Y esto han sido sólo los 20 primeros minutos del día. Y entre todo este proceso, estamos respirando aire, formado por nitrógeno (N2) y oxígeno (O2) principalmente, mientras que al espirar liberamos dióxido de carbono (CO2). ¿Quién dijo que los “químicos son malos”? Sin ellos no viviríamos…y nada de lo que nos rodea existiría.

Gracias a la química se han curado miles de enfermedades y se han salvado millones de vidas. Así tenemos a la penicilina (antibiótico), la aspirina (antiplaquetario) o la insulina (para tratar diabetes) entre otros. Y los metales también han jugado un papel imprescindible en el avance de la medicina. El cisplatín, por ejemplo, es el primer fármaco anticancerígeno con un metal (platino) descubierto por casualidad en los años 60, mientras Barnett Rosenberg estudiaba el efecto del mismo en bacterias E. Coli. A partir de este momento, se desarrollaron otros fármacos basados en platino, como el oxalilplatín o el carboplatín. Todos los medicamentos basados en platino se enlazan con el ADN, evitando su replicación y provocando así su muerte celular. Sin embargo, a menudo causan importantes efectos secundarios.

Desde ese momento, la carrera por encontrar otros fármacos basados en metales precipitó su búsqueda y desarrollo. Desde entonces se han preparado otros medicamentos basados en diferentes metales, como el rutenio (NAMI-A, KP1019, RAPTA-T), oro (auranofín), cobre, plata, iridio, renio, rodio

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¿Qué pasa si además del fármaco, añadimos luz al tratamiento? Esto da lugar a la terapia fotodinámica (PDT, por sus siglas en inglés). Esta terapia, que ya ha sido utilizada para tratar problemas de piel, necesita tres elementos: un profármaco o fotosensibilizador, luz y oxígeno. La combinación de estos tres ingredientes hace que la terapia sea más selectiva, puesto que únicamente se irradia con luz la zona tumoral, activando el fármaco SÓLO en esa zona. De este modo, se reducen los efectos secundarios notablemente. Aunque todavía no hay ningún fármaco aprobado para PDT, recientemente un medicamento basado en rutenio (TLD-1433) ha entrado en ensayos clínicos para cáncer de vejiga.

No sabemos dónde ni cuándo se alcanzará la cura para el cáncer, o si este momento llegará, pero seguiremos investigando en el desarrollo de nuevos fármacos anticancerígenos.

Como veis, la química forma parte de nuestra vida diaria, y los metales tienen una participación importante. Espero que a partir de ahora os fijéis y reflexionéis en la “química” que nos rodea.

Y si queréis saber más, no os perdáis las charlas De los Átomos a las Galaxias. ¡Os esperamos los días 9, 10 y 11 de Mayo!

Texto: Marta Martínez Alonso (Coordinadora-Local Burgos)